Gobernanza Sanitaria

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Gobernanza Sanitaria

La actual coyuntura sanitaria mundial producto de la pandemia ocasionada por el COVID-19, la cantidad de seres humanos afectados (contagiados y muertos), la incapacidad de una atención médica hospitalaria oportuna y universal, la falta de recursos económicos para compra de medicamentos, la falta de equipos médicos idóneos (UCI, respiradores), el abuso por parte de las farmacéuticas mundiales y sus laboratorios, así como de los fabricantes de equipos médicos de alta complejidad, aunado al insuficiente personal médico, paramédico, enfermeras, auxiliares y muy en particular de especialistas intensivistas, son una radiografía perfecta de la poca Gobernanza Sanitaria Mundial.

Lo anterior unido a la poca educación de muchos de los ciudadanos del mundo, en particular entre los jóvenes osados que han creído que el virus es un desafío para ellos y sus culturas, la poca cohesión social producto del desorden que generan eventos de este nivel, nos permiten tener una radiografía exacta de lo que es y será el devenir del sector de salud pública, si no se toman los correctivos necesarios para evolucionar hacia una sociedad sanitaria pública compacta, en donde el orden, la transparencia, la solidaridad, el apoyo político y la rendición de cuentas, estén a la vista de todos.

Además de lo anteriormente señalado, encontramos la falta de apoyo político, acompañado por escándalos e investigaciones de sobrecostos en los insumos médicos, de destinación de recursos para fines distintos, de contratación ilegal, de poco interés en hacer pública la destinación de los pocos recursos económicos que tradicionalmente se destinan para el sector salud, el monopolio que se tiene del sector por parte de un pequeño grupo de inversionistas particulares quienes se adueñaron de la salud pública y hace que hoy sean intermediarios y tercerisadores de la salud de los ciudadanos del mundo. Todo lo anterior nos demuestra que nunca ha existido voluntad política de los gobiernos de los países del tercer mundo por cumplir los compromisos emanados de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, protocolos estos que fueron firmados y aprobados por todos los gobiernos del mundo, pero que en esencia son solo letra muerta.

Si no fortalecemos los sistemas de salud pública de manera inmediata, si no mejoramos el sistema de protección social en salud, que le garantice a la población mundial un servicio idóneo y marcado por una Gobernanza alejada de intereses económicos privados, intereses político partidistas, la implementación de medidas y reglas de juego claras que no se desvíen en un laberinto burocrático interminable en el cual las directrices emanadas desde los altos despachos gubernamentales (Ministerios), terminen siendo aplicadas de manera diferente por el último eslabón en la cadena de mando estatal, pues se ha comprobado que en muchas ocasiones, buenas iniciativas para mejorar la protección social en salud fracasan no por falta de recursos o de voluntad política, sino por debilidades en la forma en que se adoptan y aplican las decisiones de política sanitaria, tendremos que ver muchos muertos, muchos estados inviables y mucho desorden social.

La Escuela de Líderes de las Américas para la Excelencia en la Gobernanza entiende que el virus COVID-19, puede llegar a ser menos perjudicial, que los efectos colaterales que una falta de acción inmediata pueda desencadenar en el devenir de la humanidad. Nos muestra igualmente las gigantescas grietas escondidas en los sistemas de salud pública, en particular en los países desarrollados, quienes han puesto la mayor cantidad de víctimas en este lamentable momento para la humanidad, pero que también reflejan la falta de organización, directrices claras excluidas de los intereses personalistas malvados de unos mercaderes de la salud que solo están interesados en resultados económicos para sus inversiones, sin detenerse a pensar en los seres humanos que se convierten para ellos en insumos de un nefasto negocio. Es lamentable que esos mismos países del “Primer Mundo”, hayan mostrado la insuficiencia de personal médico, de camas de cuidado intensivo, de médicos intensivistas, de hospitales adecuados, de políticas públicas sanitarias, ya que los países latinoamericanos somos una pésima copia de esos sistemas ultramodernos tomados por los intereses privados en desmedro de la población mundial. Ahora bien, el tema de moda es el COVID-19, pero la realidad de la salud pública mundial va más allá de la actual coyuntura, debemos tener en cuenta que existen grandes deficiencias en muchos otros sectores de la salud pública, ineficientes presupuestos, mal contratación y una desmedida entrega de la responsabilidad de la salud de los ciudadanos a intereses privados, lo cual hace mucho más costoso y devastador el panorama sanitario de cara a los acontecimientos que el devenir nos arroje.